Orvieto es un municipio de 20.692 habitantes en la provincia de Terni, región de Umbría, Italia.

La ciudad de Orvieto se alza sobre una roca que domina la llanura, por la que discurren los ríos Paglia y Chiani poco antes de confluir en el Tíber. Esta enorme plataforma en toba volcánica marrón, que se eleva a cincuenta metros sobre el terreno circundante, fue creada por la acción de varios volcanes.

Los primeros asentamientos de que se tiene noticia se remontan al siglo VII a. C., pero es muy probable que el lugar estuviera ya habitado en la Edad del Bronce y en la Edad del Hierro.

Toda la roca de Orvieto está horadada por más de mil pozos, galerías y cavernas artificiales en varios niveles, algunos de los cuales han sido acondicionados y son accesibles a los turistas.

Las primeras perforaciones son de origen etrusco: pozos para alcanzar el acuífero entre la toba volcánica porosa y la arcilla impermeable; galerías y cisternas para recoger y almacenar las aguas pluviales. Los pozos etruscos son verticales de sección rectangular (70 u 80 por 110 o 120 cm), accesibles mediante oquedades para los pies (pedarole) en las paredes; también hay pozos redondos, revestidos con anillos superpuestos de terracota. Las cisternas, circulares, están hábilmente impermeabilizadas; las más grandes con una gruesa capa de arcilla protegida interiormente con otra capa de piedra (alternando toba y travertino); las más pequeñas con cocciopisto, una mezcla muy resistente de mortero, tejas rotas y arena.

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Durante la edad media se extendió la red de obras hidráulicas, con un acueducto público que traía el agua desde el altiplano de Alfina, a cinco kilómetros, y la distribuía mediante galerías subterráneas a las fuentes. Existían además numerosos pozos y cisternas, públicos y privados. Se construían cavernas para extraer toba y puzolana, y luego se usaban como depósitos de grano, bodegas, talleres de cerámica o cordelería… Muchas cavernas se abrían directamente a las laderas externas de la roca y se convertían en palomares para la cría intensiva de palomas con fines alimentarios (de ahí la Festa della Palombella, durante la cual no se comían palomas).

En 1299, el papa Bonifacio VIII prohibió lanzar inmundicias a la calle, y obligó a los ciudadanos a construir en sus casas o jardines pozos para desperdicios, muchos de los cuales se siguieron usando hasta mediados del siglo XX mientras fueron saqueados o excavados a partir del siglo XIX en busca de fragmentos de cerámica y otras antigüedades.

En los últimos años se ha procedido a cartografiar el laberinto de excavaciones; la ley prohíbe publicar el plano de los túneles bajo la cárcel y las instalaciones militares.

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